Tranza Poética

"Creo que cada poema es un mundo. Un mundo y aparte. Un territorio cercado, al que no deben penetrar totalmente indocumentados, los huecos, los desapasionados, los censores, los líricamente desmadrados. Un poemínimo es un mundo, sí, pero a veces advierto que he descubierto una galaxia y que los años luz no cuentan sino como referencia, muy vaga referencia, porque el poemínimo está a la vuelta de la esquina o en la siguiente parada del Metro. Un poemínimo es una mariposa loca, capturada a tiempo y a tiempo sometida al rigor de la camisa de fuerza. Y no lo toques ya más, que así es la cosa. la cosa loca, lo imprevisible, lo que te cae encima o tan sólo te roza la estrecha entendedera -y ya se te hizo".
Efraín Huerta

24 de noviembre de 2007

¿Qué me lees?


23 de noviembre de 2007

A sentarse un poco


Colores para el hambre


¿Cara o Cruz?


¡Toco madera!


La Luna ha muerto


A la fila


16 de septiembre de 2007

Patriota bien armado

Israel Piña

Durante un mes planeó meticulosamente la forma en que celebraría el tradicional grito de Independencia: el toque especial lo pondrían varios disparos al aire.
Para ello Carlos Ortiz Ríos, de 57 años, compró en Tlajomulco de Zúñiga, hace 22 días, una escopeta recortada calibre 12 y 10 balas para lanzar al aire a ritmo de mariachi.
El 15 de septiembre llegó y el hombre comenzó la fiesta con unos alcoholes.
Ya entrado se dirigió al lugar donde gritaría "viva México" y tomó el arma, la metió a una mochila y se montó, no en un caballo, pero sí en una útil bicicleta.
Pero no previó que en el camino se encontraría a unos policías que sospecharían de su abultado bolso colgado sobre su espalda.
Cuando Ortiz Ríos pasaba por el cruce de las calles Prolongación 5 de mayo y Loreto, en el Fraccionamiento Loreto, Municipio de Tlaquepaque, los uniformados le pidieron que les dejara ver su mochila.
Fue así como descubrieron la escopeta y al mismo tiempo le arruinaron la el festejo, pues no sólo le quitaron el arma sino que lo detuvieron y se lo llevaron hasta las celdas de la PGR Delegación Jalisco.
Sin arma, sin más bebidas, pero tal vez con muchas ganas de gritar de frustración, Ortiz Ríos verá pasar la noche del 15 de septiembre justo como él no lo planeó.

8 de septiembre de 2007

Letras y letreros

Tantas cosas que empiezan y acaso acaban como un juego, supongo que te hizo gracia encontrar un "letrero" al lado del tuyo, lo atribuiste a una casualidad o a un capricho y sólo la segunda vez te diste cuenta que era intencionado y entonces lo miraste despacio, incluso volviste más tarde para mirarlo de nuevo, tomando las precauciones de siempre: la calle en su momento más solitario, acercarse con indiferencia y nunca mirar "la placa" de frente sino desde la otra acera o en diagonal, fingiendo interés por la vidriera de al lado, yéndote en seguida. Julio Cortázar

3 de septiembre de 2007

Agonía


24 de agosto de 2007

La mujer más hermosa del Seven


Te estoy viendo, eh


¿Cómo se llamará?


Azul casi morado


¡...de rojooo... tamaaaaleees!


Ciudad de los cables


Yo te ahogaré...


Pa' no quemarse


5 de agosto de 2007

De tragedia en tragedia

Israel Piña


Desde hace un año doña Juana Velázquez Pérez, de 49 años, ya no siente lo duro, sino lo tupido.


El 3 de junio de 2006 su yerno murió atropellado y ella tuvo que encargarse de todos los gastos, que de por sí ya eran bastantes pues tuvo nueve hijos y a casi todos los mantuvo al quedar viuda.


Por si fuera poco, por esas fechas la despidieron de su empleo como cocinera, el menor de sus hijos perdió el ojo derecho y una de sus hijas tiene quince días recluida, acusada por venta de drogas.


Ahora tendrá que enfrentar no sólo sus tragedias cotidianas, sino también a las autoridades que ayer la detuvieron junto con Trinidad Gaitán Ojeda, de 86 años, con aproximadamente siete kilos de mariguana en un lote baldío del Ejido López Mateos, en el bosque de la Primavera.


Además llevaban dos botes de tiner de 19 litros cada uno, otro litro en una botella de refresco y dos armas de fuego que pertenecen al anciano: una escopeta calibre 22 con 15 tiros útiles al calibre, y un revólver calibre 32 con 23 tiros útiles.


"Yo he estado enferma, como con muchos nervios y depresión desde que me avisaron que mi yerno cayó muerto, (después) el patrón me mandó decir que ya no me presentara. Y a uno (de los hijos) me lo navajearon hace uno año y quedó mal el muchacho, pero pues también es vicioso y entonces él ya no puede trabajar porque como le picaron los pulmones duró nueve meses en terapia.


"Hace 15 días se metieron a la casa de mi hija, no le encontraron nada (de enervantes) pero se la llevaron a la penal y ahora yo tengo tres niños de ella ahí (en casa)", narró doña Juana.


Intentó salir adelante con la venta de dulces, chicharrones, pepinos y nieve en la puerta de su casa, en la Colonia Santa Ana Tepatiltán, en Zapopan.


Pero las ganancias no le alcanzan para darle de comer a cuatro de sus hijos y dos nietas, y mucho menos para curar su depresión.


Luego pagó algunas deudas con más deudas: obtuvo un crédito a cuatro meses en una caja de ahorro popular y un préstamo de mil quinientos pesos por parte de una amiga.


"Estoy abonando todavía gastos, todavía debo de la muerte de mi yerno porque no me ayudaron para gastos. También pedí dinero para sacar a mi hijo del hospital porque el que lo novajeó no me ayudó ni tampoco el que mató a mi yerno", aseguró Doña Juana.


Por eso, hace seis meses, se le ocurrió vender droga.

En el fondo está Dios


La última y nos vamos


Ahí, nomás...


3 de agosto de 2007

"Soy espejo, me reflejo..."





Pásale, te estaba esperando


¿Me das?


Mi carnalito


14 de julio de 2007

¡Qué buena historia!


Se enfrenta vaquero a polis en un ‘duelo’

Se enfrenta vaquero a polis en un ‘duelo’Saca resortera para agredir a ‘sheriffes’. Porque querían aplicarle una revisión de rutina se enojó con los agentes estatales
Israel Piña


Cual vaquero del viejo oeste, con texana y cinturón de hebilla ancha, dio la espalda a los policías, caminó un par de pasos y sorpresivamente volvió a voltearse para sacar el arma con la que opondría resistencia: una resortera de madera.
José de Jesús Saavedra Salcido, de 37 años, se rehusó a que policías estatales lo revisaran luego que lo encontraron en la calle con cerveza en mano.
Por eso dio la espalda y luego se abalanzó sobre los uniformados para propinarles algunos golpes con una resortera de aproximadamente 50 centímetros de largo, que traía fajada al pantalón y cubierta por su larga gabardina norteña color caqui.
La batalla duró muy poco, pues pronto los oficiales Christian Borja Rodríguez y Jesús Flores Macías lograron repeler los ‘resorterazos’ de Saavedra Salcido.
Sin embargo, los oficiales no se irían ‘limpios’, pues el vaquero urbano consiguió impactar más de una vez la resortera sobre el rostro de sus contrincantes y de paso lastimarles la nariz y los hombros.
Cuando todo parecía estar ya bajo el control en la Calle Pedro Neri, en su cruce con la Calle Guillermo Prieto, salieron aproximadamente 15 vecinos para reforzar a Saavedra Salcido.
Con la llegada de “la pandilla” al frente de batalla, los ánimos bélicos volvieron a incendiarse en la Colonia Lomas del Paraíso, en el Municipio de Guadalajara.
Pese a todos los esfuerzos de los vecinos por evitar que los policías estatales arrestaran al vaquero de texana armado con un resortera hecha con un leño, éste fue subido a la patrulla y esposado en la misma.
Con la resignación del perdedor y con el rostro sonrosado por el alcohol y por el enfrentamiento librado, Saavedra Salcido llegó a los separos de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado.
“Yo sólo traía media cerveza y por eso me querían traer”, dijo el detenido detrás de los barrotes y ya sin sus accesorios que le daban el ‘aire’ de forajido del viejo oeste.Los policías terminaron en el hospital.

Apagan niños incendio

Israel Piña

A los niños los habían reportado atrapados en una vivienda de cartón envuelta en llamas e intoxicados por el humo del incendio.
La ambulancia y los bomberos de Tlaquepaque no llegaron con la rapidez acostumbrada porque el laberinto que forman las calles de la Colonia Las Flores no lo permiten, pues no tienen nomenclatura ni pavimento, pero sí grandes baches.
Los paramédicos llegaron hasta la casa construida en la punta de un cerro y al lado de un cementerio, en el cruce de Orquídea y Crisantemo, el cual sólo aparece en el mapa porque en realidad no hay más que viviendas que parecen estar amontonadas.
Los técnicos en urgencias vieron desde abajo a los niños entre el humo y las llamas.
"Son nueve menores y están atrapados. Mándame más apoyo porque al parecer están intoxicados", dijo por radio a la cabina del puesto de socorro uno de los paramédicos.
Los rescatistas subieron hasta el lugar por la azotea de otra casa y cayeron en la cuenta de que el reporte era falso: estaban los niños, eran ocho hermanos, cinco hombres y tres mujeres, pero no se encontraban intoxicados ni atrapados.
Sólo estaban allí con botes y cubetas en mano, sonrientes, relajados, como héroes: habían sofocado ellos mismos el fuego antes de que los bomberos llegaran, casi en punto de las 17:00 horas.
El refrigerador, un mueble que fungía como mesa y varias prendas de ropa no se salvaron, pero los menores evitaron que el incendio provocado al parecer por un corto circuito y una fuga de gas se propagara a los hogares contiguos.

'Copelas' o cuello, dijo una peluquera

El joven se dijo 'buena onda' le dio la oportunidad a su posible víctima de ofrecer una cantidad mayor para perdonarle la vida
Israel Piña


Guadalajara, México (15 julio 2007).- Además del cabello, una peluquera supuestamente le quería cortar el cuello a un hombre por antiguas deudas.
Eran las 20:15 horas cuando Enrique Muñoz Mejía, de 40 años, se paró en la esquina de la Calle Milán y Avenida Gobernador Curiel, en la Colonia Morelos, Municipio de Guadalajara.
Casi enseguida se acercó a él Guillermo Limón Álvarez, de 25 años.
De inmediato vino la sorpresa: el joven mostró fotografías y documentos con información personal de Muñoz Mejía, como la dirección y datos de su vehículo.
Limón Álvarez le confesó Muñoz Mejía que tenía la consigna de asesinarlo. Para ello le habían pagado 20 mil pesos.
Pero como el joven se dijo "buena onda", le dio la oportunidad a su posible víctima de ofrecer una cantidad mayor para perdonarle la vida.
Por suerte, una patrulla pasó en plena negociación, informó la Dirección de Seguridad Pública de Guadalajara.
Muñoz Mejía no dudó en llamar a los policías para denunciar la extorsión.
Limón Álvarez se "echó para atrás" y ante los uniformados sostuvo que él únicamente le había ido a avisar a Muñoz Mejía que otra persona lo mataría.
Incluso proporcionó a las autoridades la identidad de la autora intelectual del plan criminal: se trataba de la peluquera de la familia de Muñoz Mejía.
El extorsionado, por su parte, mencionó que tenía problemas con la estilista porque ella nunca había saldado con su esposa una deuda por un teléfono vendido.
Será un agente del Ministerio Público quien desenrede la historia de la presunta peluquera malvada.

24 de abril de 2007

Se nos muere la banda


¿Adónde irá?


Mi hermanita y su novio


Sin nombre bajo la sombra


Pa' no mojarse las patas


Palmeras fósiles


Por aquí pasó...


Un pie libre


16 de abril de 2007

¡Diles que no me maten... mamá!


¡Qué quemón!

Cocacolazo en la cabeza

31 de marzo de 2007

"No me voy, carnal"

Y tú... ¿sabes volar?

Se llama Vida 4

Se llama Vida 3

Se llama Vida 2

Se llama Vida

Vuelta al cielo

26 de febrero de 2007

Como el Amor (con todo y mayúscula)

Bicicleta Cuántica

Alma de vaca

La Vaca del Tiempo

15 de febrero de 2007

Un poema del Bukowski

Chicas tranquilas y limpias con lindos vestido

Todas las que conozco son putas, ex putas,
locas. Veo hombres con mujeres
tranquilas, amables, los veo en los supermercados,
los veo caminando por las calles juntos,
los veo en sus departamentos: gente en
paz, a menudo horas o días de paz.
Todas las que he conocido son adictas a las pastillas,
alcohólicas, putas, ex putas, locas.
Cuando una se va
llega otra
peor que la anterior.
Veo tantos hombres con chicas tranquilas y limpias
bien vestidas
chicas con caras que no son lobunas
o predatorias.
"No traigan más una puta por acá", les digo a
mis pocos amigos, "me voy a enamorar de una".
"No podrías estar con una buena mujer Bukowsky".
Necesito una buena mujer,
necesito una buena mujer,
más de lo que necesito una máquina de escribir,
más de lo que necesito a mi auto, más
de lo que necesito a Mozart.
Necesito tanto una buena mujer que
puedo saborearla en el aire, puedo sentirla
en la punta de mis dedos,
puedo ver veredas construidas
para que sus pies caminen,
puedo ver almohadas para su cabeza,
puedo sentir mi risa que espera,
puedo verla acariciando un gato,
puedo verla durmiendo,
puedo ver sus pantuflas en el piso.
Sé que existe
pero, ¿Dónde está ella en esta tierra
mientras las putas continúan llegando?

31 de enero de 2007

No sé… ¿cómo te explico?

Para Laura con G, Ely, Don Rubén y Ernest. Vale y salud.

Siempre me cuesta mucho trabajo empezar. Los finales, por el contrario, me resultan más fáciles. ¿Puedo comenzar por el final, el de nosotros? ¿Por tu último día en este edificio con facha de panteón de pobres? ¿O por las palabras que preferí echar a remojar antes de tenderlas en una carta? ¿Por tu silueta de Gala de espaldas que ya no se asoma a las diez en punto? Aquí estoy, pues, con esta manía por no quedarme callado y buscar, casi siempre con torpeza y sin éxito, algunas palabras certeras para que me entiendas que… Qué tal, Laura. Muy común. ¿Cómo te ha ido en tu nuevo trabajo? No me convence. Caray, cómo te lo digo. Desde que te fuiste, todos los días miro el elevador y me quedo esperando unos cuantos minutos por si llegas, así sin avisar. No, no, no. Este inicio está peor. Sigo, ni modo, ya ando en éstas. Debo apurarme antes de que llegue el doctor Chunga y llame y me diga “¿qué dice hoy el periódico de mí?”. Aquel jueves tenía un buen manojo de cosas que decirte, pero no quería estropear la despedida y cancelar toda posibilidad de reencuentro. Tuve que aguantarme. Lo que no aguanté fueron las ganas de llorar. Claro, aquí en la oficina no; en este lugar no dan ganas de nada, ni siquiera de llorar. Sí, te lo juro, por mi abuelota del rock and roll –como dice mi amigo el Cuevas. Yo, sí, yo, lloré por kilómetros, ¿quién más te iba a llorar aquí? Te lo juro, hubieras visto. Ya sé, dirás que soy muy dramático, pero qué se puede hacer. Aquella mañana en el centro, en la Plaza Universidad, se me reveló algo distinto. No sé. No lo hubiera pensado de una UP de negocios. Cha’, ahí está el timbre del teléfono, tan tedioso, amenazador y burlón, como siempre. “Sí, está bien, el informe de presidencia”. Debo inventar: en el último mes se elevó considerablemente el número de asistencia a eventos sociales. Así no, cambio la frase por actividades de representación. Un momento. Representación, representación, como si de verdad representáramos a alguien. Tendré que mentir, me lo enseñaron porque lo disfrutan. Con atención al Presidente de la República, Felicio Cuarón, y con copia a Rush. Cuántas ficciones pueden meterse en los informes. Qué estupidez, pero es necesario para disimular o cuando menos justificar su pendejismo. Hay que hacerlo. Por tal motivo, Señor Presidente, solicitamos su apoyo para realizar dicho evento y convertir, de esta manera, a Tlacoltitlán en un estado líder y competitivo a nivel global. Cuántas mentiras. ¿Cuántas mentiras le caben a una ambición? No lo sé, pero él es feliz; ella, la hermana, también. Imprimo, lo revisa, firma y dice perfecto. Una carta más a los Reyes Magos de parte de Pinocho. Me dicen que se ha ido. Casi la una de la tarde y continúo. Cómo te explico. Te extraño, como en la canción de Sabina, la que acabo de postear en mi blog. Es en serio. Nadie lo hubiera imaginado. ¿Yo, el más desapegado de los Camacho? Demonios, es la hora de la comida y ni una buena frase. Me coloco como No conectado en el Messenger y me voy, casi huyo. Salgo del edificio hacia el frío que me recuerda ese antiguo camino a la Flaca, en el poniente del D.F. No quiero comer, no quiero nada, sólo caminar por Chapultepec y convencerme de que yo para vos soy como ese que veo desde aquí y probablemente nunca volveré a encontrarme. Camino, uno, dos, tres pasos y me paro sobre la banca, luego brinco hasta la jardinera y enseguida abrazo un árbol. Todos me ven. Dicen que cuando abrazamos un árbol nos conectamos con el centro de la tierra y todo lo superficial desaparece. Pero sigues ahí, no eres nada trivial. Tengo una hora para comer, oficialmente, pero en realidad son dos, como las que se toma la jefa ilegítima. Veo a todos los ejecutivos e intelectuales repartidos en restaurantes y cafés. No cabe duda. No importa comer, sino el estatus. Las personas que sé más esperan la hora de comida y en verdad la disfrutan no están ahí. Ahora mismo conversan y se desahogan en un comedor improvisado en una sala de capacitación tras la demolición del de siempre. La misma calle de regreso, es hermosa, como tú, un poco menos. Ja, juar, juar, ¿así de cursi? Me vale madre, es lo que pienso. Casi dan las tres y me siento a pensar en el inicio de la carta. Había supuesto que sería más fácil escribirla, justo con la facilidad con que vos me tienes aquí pensando en ti y en tu carta. Sin embargo, es una historia poco común. Es una historia de un tipo que está irremediablemente enamorado de una mujer, pero una fuerza sobrenatural identificada sólo por su envidia se empeña en estropearlo todo: ella no se interesa ni en él ni en su carta que con tanta angustia pretende empezar. Vuelvo y en la pantalla encuentro el documento abierto y en blanco. Vuelve a llamar el jefe. Que unas correcciones y otra gran idea. Fácil de ignorar, ridículo, qué risa, increíble. Hago otro esfuerzo por comenzar. Aquella mañana… aquella mañana de noviembre. No doy una. ¿Por qué no aceptar que soy incapaz de hacer esto? No puedo escribir nada. Pero te extraño y no lo soporto más. Esa tarde no quise –no pude tampoco– decirte que andaría semanas enteras de un triste de lo más insoportable. Me harías –me haces– falta. Soy tan ordinario y tú eres tan linda, ¿qué quieres que yo haga sino abandonarme? Cómo evitar este lugar común: las horas son más largas sin vos, sin vos para pelear, sin vos para recibir un desdén o un pequeño regalo. Vos no estás y es suficiente para que yo esté aquí, en una oficina distinta a la tuya, imaginando y lamentado qué hubiera pasado si me hubiera atrevido: tus labios y unas ganas de pasarte mi mano por tu cara, acariciarte despacio, por un siglo y medio más o menos, y tomarte las mejillas, besarte la frente y abrazarte con el mundo pausado por dos o tres semanas. Nunca, nunca, nunca lo hice. Bah, qué cobarde. Llaman a junta de 4:45. Que el equipo, las exportaciones, el gobierno y sus secuaces, los nuevos asesores externos rintintín y no sé qué otras fieras más. Me pierdo, no alcanzo a entender, pero es lo mismo de siempre, lo sé, aunque los demás, unos pocos (dos o tres), me vean perdido y se pregunten en qué pienso. Soy sospechoso e ineficiente, lo confieso. Todo aquel que se atreva a contradecir o de plano no escuche es sospechoso y se convierte en automático en candidato a ser vigilado por la jefatura de la policía ultrasecreta; ilegítima, ya dijimos. Esto también me vale madre. No me importa, como aquel día de la primera junta del año cuando yo sólo podía pensar por qué no querías nada con nadie por ahora. ¿Y después?, te pregunté. No sabías, ni siquiera estabas segura de seguir viva. Luego apagaste la luz para que no viera yo tus defectos. No te preocupes –me dije a mí mismo-, llevo meses tratando de encontrarte una mancha y no he podido. Subiste al elevador, el famoso elevador, y desapareciste. Por favor, necesito saber qué significa exactamente “no fuerces las cosas”. Mis amigas dicen que es una puerta entreabierta pero atrancada por el miedo. No puedo escribir nada. Por la puerta se asoma otra asesora, bien maquillada y con el imprescindible escote. Hola, qué tal, los patrocinios y la Feria. Se para frente a mí. Otra vez la pregunta: ¿no sabes cuándo aterrizamos en un proyecto porque sigo en espera? No pude decirle que se alejara del teatro, del mal teatro, y le dije “estamos planeando” y al mismo tiempo estaba pensando en ti. Alguien me llamó por teléfono y me salvó del ritual previsto; ya está. No es sencillo, siempre cuesta demasiado –a mí por lo menos- escribir lo que uno quisiera escribir. Dicen por ahí que uno escribe lo que puede, no lo que quiere. Ni un borrador, nada, absolutamente nada, la hoja sigue en blanco. Escucho algo de música y ni así. Me puse a recordarte otra vez al detalle para ver si así me salía algo; pasé por tu pelo y por tu piel, por tu contoneo y esa concentración tuya que a veces lastima. Acaricié el árbol que me regalaste (que, por cierto, está reviviendo, cada vez está más verde, déjame te cuento) en lugar de teclear. Casi lloro otra vez pero alguien se me aparece en el momento y basta. “Vine a pagar”, me dice. Aquí no es, vaya con la licenciada Mariela Millán. “Ella me mandó con usted”, me reclama. Qué coraje, las mismas idioteces. Es un error, regrese con ella y disculpe. Váyase ya, ronroneo, no se da cuenta de que quiero inventarte otra vez y volver a leer tu correo de despedida no definitiva. Lo leí cinco veces, tan tierno, y yo sin poder hacer un pobre enunciado. Cómo demonios le habrás hecho para tenerme así, tan encantado con tu cara y con tu alma. Hoy fue un día de esos en que se pueden ver películas en la oficina sin que la jefa se entere y te reporte de inmediato con el todopoderoso y pida indicaciones puntuales sobre el castigo para después anunciártelo tras un beso en la mejilla. ¿Podré escribirte? Por supuesto, concéntrate, empieza -me propuse. Empezar, empezar, empezar. Qué fácil. Me viene a la mente nuestro primer encuentro en la oficina de Cassandra la directora, la Muestra, el pan, los eventos y los grupos, las desmañanadas, tus papás, los corajes y la estocada involuntaria, suave y encubierta para dejarme loco y triste por vos. Yo seguiría enloqueciendo y tú mantendrías incólume tu necio e indestructible “no fuerces las cosas, lo que vaya a pasar pasará”, como si un tronco pudiera quebrarse con la sola mirada, como si uno no tuviera que pegar y pegar con el hacha hasta que por fin cediera. Pienso en Cortázar por eso de “¡No te extraño! Sólo cosas menudas de repente me faltan y quisiera buscarlas: el contento, y la sonrisa”. Me pregunto qué harás en tu nuevo empleo y cómo te iría en tu graduación y si leíste el mensaje que te mandé desde ese frío pueblo. Te imaginé toda feliz, radiante y sonriente al lado tu padre hablando de vos y de tu infancia y de cómo has crecido, estoy orgulloso, y un poco de jazz. Tus compañeros, tu ex novio (¿ex novio todavía?), la música y tu vestido cuidadosamente elegido. El peinado, qué va, seguramente estás más linda que nunca. Casi puedo decir que te veías como Cass, la chica más guapa de la ciudad, el personaje de Bukowsky. Ay, Dios, Gely apaga su computadora y me dice vámonos, ya son las siete. ¿Las siete? Sí, ahora sube don Berumen, “vámonos, jóvenes, qué pues, ¿harán horas extras? Me voy, sean felices”. ¿Cómo irme sin postear esta confesión? ¿Qué te diré por correo? Quiero contestar tu despedida, es el momento preciso. Y debo hacerlo bien, sin amenazar el posible futuro. Me quedo un rato más, Gely, descansas, nos vemos mañana. ¿Y lo que quería decirte? Hablo y hablo y hablo, pero no escribo nada. No escribo que vi por el retrovisor cómo te alejabas y cómo desaparecía tu carro en medio del tráfico y entonces mis ojos brillaron. Me esperé hasta llegar a casa. Antes de abrir la puerta comencé (comenzar, comenzar, comenzar) a llorar y, una vez dentro, enlisté canciones puntillosas y un poco de tequila para tallar tu última imagen. Lloraba y de pronto reía, hace mucho no enloquecía (entiéndase enamorar) como enloquecí por ti. Por eso esa despedida. Tú ahí en tu carro y con prisa. Adiós, suerte, nos vemos, no seas dramático, no me voy a Timbuctú, a menos que tu mujer no te deje. En un minuto la cara se me desencajó. Los dos ahí; yo nervioso, sujetando mis ganas de besarte y tú checando el reloj. Me despedí de ti y en segundos, de golpe, el horizonte se hizo pedacitos. Pero qué poco talento. Faltan cinco minutos para las ocho, todos se han ido y yo sin empezar, ya no terminar, la carta que planeé mandarte hoy mismo. Termina el día y mi rutina ya sin ti, sin tu presencia, mejor dicho. Me hubiera gustado concluir el texto y enviártelo antes de que mañana me pidan otro informe con el lenguaje correcto y podrido de siempre. Estoy harto de los días tan insoportables sin vos. Harto de ser tan sensato y harto de no “forzar las cosas”. Por consiguiente, licenciada en negocios o comercio –o algo así-, Laura con G, prefiero gritarle que la extraño, a usted y a sus pasos en voz alta; estruendosos, quiero decir. La extraño y siento decírselo desde donde no puede oírme. La extraño y me duele; disculpe, usted. Me duele en los ojos, en la piel y en el pecho. La nostalgia que usted me dejó entra como un airecito frío en mi garganta vacía e irritada y cada vez que respiro me cala y me da un tirón desde ahí hasta la nuca. Me estremece, licenciada Laura con G. La presente es sólo para advertirle, no avisarle, que aquí reposa insistente en mi memoria junto con sus burlas, su soberbia y para confirmarle que extraño esa manera tan extraña de hacerme habitable el día con todo eso que no entiendo de usted. Es tan simple, licenciada, tan simple y complicado a la vez. Los precios subieron veinte por ciento, me llega un mensaje; qué me importa, subieron mucho menos que mi amor por usted. Estoy tratando de explicarle todo eso y solicitarle de la manera más atenta una oportunidad, tan sólo una, para volar un rato junto a usted en una tarde que le quede libre.

Israel Piña

18 de enero de 2007

¿Ahora pa'ónde?

12 de enero de 2007

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

Julio Cortázar